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“Tengo claro que repetiré de nuevo, sabiendo el bien que puedo hacer con tan poco esfuerzo”

“Tengo claro que repetiré de nuevo, sabiendo el bien que puedo hacer con tan poco esfuerzo”

Beatriz es donante de óvulos en Eudona y ha querido compartir con nosotros su historia

“La idea de donar vino de forma suave, no recuerdo cuándo surgió, cómo barajé por primera vez la posibilidad. Ya era donante de sangre, tenía una tarjeta de donante de órganos y quería informarme sobre qué más podía hacer. Con el tiempo la donación de óvulos se hizo más recurrente en mi cabeza e incluso busqué opiniones sobre la experiencia, posibles consecuencias, compensación, etc.

A los pocos meses, una amiga me dijo que también lo había pensado, así que juntas nos dimos el empujón que nos faltaba. Buscamos los centros que había en Barcelona y encontramos diferentes webs, siendo Eudona una de las primeras. Cuando leímos el tríptico informativo se resolvieron la mayoría de dudas que teníamos en ese momento y, como nos dio muy buena sensación, nos quedamos con ellos. Enviamos nuestros datos desde la página, a mi amiga la llamaron antes y yo no tuve paciencia para esperar, así que llamé para pedir una cita.

Siempre se preocuparon por mí

En la primera visita la impresión fue más que positiva. Creo que, incluso estando ya convencida desde el principio de que lo quería hacer, la tranquilidad que me contagió la clínica hizo aún más fácil la decisión. Se fueron programando las fechas según mi periodo, pero por época de exámenes y de vacaciones de Navidad se vio afectado el calendario, así que nos llevó un mes más de lo que esperaba (desde el día en que me decidí hasta el último del proceso, la punción, pasaron 2 meses y medio). Pese a que todo desde Eudona fueron muestras de comprensión y adaptación siempre.

Todas las personas que me crucé durante todo el proceso fueron más que cercanas y me hicieron sentir muy cómoda. Siempre me mantuvieron informada de todos los pasos y se preocuparon por mí y por si tenía alguna duda, cosa que me dio mucha seguridad. Además, he de reconocer que todas las pruebas y chequeos fueron para mí un plus, por el hecho de realizarme revisiones médicas y saber que todo iba bien (y que si no lo habría descubierto gracias a la donación y desde allí podrían ver de qué se trataba y ayudarme).

La primera vez que me tuve que pinchar la viví con bastante emoción, porque justamente estaba sola en casa, así que lo hice mientras se lo iba retransmitiendo por teléfono a la amiga que justo hacía unos días había empezado su tratamiento también.

Era la primera vez que me pinchaba, así que al principio me dio algo de aprensión, pero como ya era de noche me metí en la cama a descansar y no sentí ningún tipo de dolor. El resto de las dos semanas de tratamiento fue pasando fácil y sin inconvenientes al pincharme, aunque al llegar los días previos podía notarme los ovarios algo hinchados y las ganas de ir al lavabo a hacer pis me habían aumentado un poco.

Con todos los deseos de que salga bien

Con mis allegados lo tuve muy fácil y fueron una buena red: en aquella época justo empezaba con mi pareja, a quien no tuve ni que razonarle que mi cuerpo es mío y era algo que deseaba, siempre obtuve apoyo e interés. Mi familia no fue menos, los más cercanos se sintieron incluso orgullosos, mi madre, por ejemplo, me explicó que había pensado en su momento en donar alguna vez. Sí que es cierto que algún amigo me puso a prueba dudando de la confidencialidad y de los remordimientos y sugiriendo que, aunque yo no los criase, esos hijos eran como míos. Agradezco a estos últimos, porque son los que hacen que te pares a pensar y crees muros aún más sólidos sobre tu decisión. En mi opinión, aunque considere clave la aportación genética y sepa que tiene mucho peso, el vínculo, las noches en vela y la vida de entrega no van de mi mano, sino de las personas que hayan decidido querer ese a bebé, sus verdaderos padres. Además, sé que algo realizado con toda la bondad que me pueda caber en el alma y con todos los deseos de que salga bien, no va a poder convertirse en culpabilidad o arrepentimiento jamás.

La verdad es que, que todos fueran tan cálidos y profesionales lo hizo mucho más fácil, no recuerdo pasar miedo hasta el día de la extracción, pero incluso en ese momento la sensación fue divertida y serena. Todos eran extraordinariamente amables y el anestesista no dejó de hacer bromas hasta que cerré los ojos. Al despertar no sentí ningún dolor y la anestesia hizo que tuviera una sensación de haber descansado profundamente bien.

En resumen, viví la experiencia con mucha ilusión e incluso animé a alguna amiga que se lo había planteado. Tengo claro que repetiré de nuevo, sabiendo el bien que puedo hacer con tan poco esfuerzo. Creo que para las mujeres que se lo estén planteando lo mejor para salir de dudas es dar el paso e informarse, porque saber que estás en las mejores manos y que te van a cuidar es el punto de inflexión para decidir qué quieres ser donante de óvulos.”

Desde Eudona queremos agradecer a Beatriz por animarse a dar el paso y compartir estas bonitas palabras con nosotros. ¡Gracias de corazón Beatriz!

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